
Dios es una familia: tres Personas divinas que se quieren tanto que son un solo Dios. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo también es Dios. Los tres son eternos. Nadie los hizo, ni hubo un antes ni un después. Los tres son Todopoderosos, es decir, lo pueden todo.
Dios nos ha creado para que un día también nosotros estemos en esa Familia. ¿Cómo puede ser eso? Pues Dios envió a su Hijo para que se hiciera hombre y para que los hombres nos convirtiéramos en Hijos de Dios.
Dios quiso que su Hijo naciera en una familia perfecta y que tuviera unos Padres muy buenos. Dios pensó en la Virgen María y en en san José para que fueran los papás de Jesús.
Todos los hombres tienen una madre. También Jesús nació de una madre, la Virgen María. Fíjate bien: como Jesús es Dios, la Virgen María es llamada con razón la Madre de Dios. Éste es otro misterio: cómo puede ser que una criatura humana pueda llegar a ser Madre de Dios, que es eterno. Bueno, la Virgen de María es la Madre de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que se ha querido encarnar en las entrañas purísimas de la Virgen María.

Después de haberle explicado cómo iba a suceder, María le respondió: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Y así sucedió: Jesús estuvo en las entrañas de su Madre durante nueve meses.
Nosotros no hemos podido elegir a nuestras madres, puesto que hemos comenzado a existir sin que nadie nos haya pedido permiso. En cambio, Jesús sí pudo elegir a su Madre. Pudiendo elegir a su Madre es lógico que la eligiese muy buena y muy hermosa: la mejor Madre del mundo.
Así quiso que su Madre no tuviese ningún pecado desde el primer momento de su existencia: por eso a la Virgen María se la conoce también por el nombre de la Inmaculada Concepción, es decir, la que fue concebida desde el primer instante sin ninguna mancha de pecado.
Además, la Virgen María fue asunta al Cielo en cuerpo y alma sin experimentar la corrupción. Es lógico que Jesús quisiera llevársela al Cielo en seguida. De esta manera, Dios nos está diciendo que también nosotros al final de los tiempos resucitaremos de entre los muertos y seremos llevados al Cielo en cuerpo y alma. La Virgen María no ha de esperar hasta el fin de los tiempos, sino que ha sido llevada ya directamente al Cielo al acabar sus días en la Tierra.

Por último, cuando Jesús estaba colgado en la Cruz a punto de morir quiso darnos a María como Madre nuestra. Al Apóstol san Juan le dijo: - Hijo, aquí tienes a tu Madre. Y a la Virgen María: - Mujer, aquí tienes a tu hijo. María y Juan comprendieron que Jesús quería que nosotros tuviéramos a María como Madre nuestra. Gracias a ella nosotros podemos creer en Dios y también nuestra fe crece con ella. La Virgen María es nuestra Madre del Cielo y, por tanto, nos acompaña en el camino y nos ayuda, intercede por nosotros a Dios.
FÓRMULAS DE LA FE
13. ¿Quién nos ha revelado el misterio de la Santísima Trinidad?
Jesús, el Hijo de Dios, es quien nos ha revelado este Misterio. Él nos enseña que Dios es amor y nos lo da a conocer.
14. ¿Por qué decimos que Dios es nuestro Padre?
Decimos que Dios es nuestro Padre, porque nos ha creado, cuida de nosotros y, llevado por su amor, quiere hacernos hijos suyos a imagen de su Hijo Jesucristo.
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