lunes, 31 de enero de 2011

Sesión 33: Amamos a los demás como hermanos

Hemos aprendido a amar en familia. Allí descubrimos qué es un padre y una madre. Comprendemos qué significa ser amado. Y también podemos comprender entonces qué significa que Dios sea nuestro Padre y que Jesús sea nuestro hermano. 


Saber qué es una familia es importante, porque así podemos comprender que Jesús haya querido ser nuestro hermano y nos haya enseñado que todos los hombres somos hermanos. 


¿Por qué somos hermanos todos los hombres? Los hombres somos hermanos porque Dios nos ha creado a todos de la nada y nos ha hecho a su imagen y semejanza. Además, el Verbo se ha hecho carne. Eso significa que el Hijo de Dios ha querido ser nuestro hermano. Y si Jesús es nuestro hermano, todos somos hermanos unos de otros. Pero sobre todo somos hermanos porque Jesús ha muerto para la salvación de todos los hombres. Él ha dado la vida por todos. Cada uno -con independencia de su raza, de su religión, de su condición social o de la época en que haya vivido- vale toda la sangre de Cristo y, por eso, merece ser amado también por los demás. 


En el Antiguo Testamento, Dios nos enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Pero, no estaba claro quién era el prójimo de cada uno. Para los judíos, el prójimo era únicamente el que pertenecía al Pueblo elegido. Los gentiles -es decir, los que no pertenecían al Pueblo de Dios- no eran "prójimos" de los judíos y por eso éstos podían despreciarlos e incluso odiarlos. 


Jesús, en cambio, enseñó a sus discípulos el mandamiento nuevo: "Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. En eso conocerán que sois mis discípulos" (Jn 13, 31). Y para que estas palabras quedasen claras y fuesen comprendidas:


1. Instituyó la Eucaristía o fracción del pan. Pidió a sus discípulos que hicieran lo mismo, es decir, que celebraran la fracción del pan en memoria de su pasión, muerte y resurrección. ¿Qué significa la fracción del pan? Muy sencillo, hay que aprender todos los días a vivir para los demás y a estar dispuestos a dar la vida por ellos. Antes de comulgar, en Misa, nos damos la mano para indicar que somos hermanos. No podríamos acercarnos al altar para recibir a Jesús en la comunión si no perdonásemos a nuestros hermanos o cultivásemos sentimientos de odio o de rencor.


2. Lavó los pies de sus discípulos. Lavar los pies era una tarea propia de esclavos o de servidores. Pero Jesús, que es el Señor y el Maestro, quiso enseñarnos que todos los hombres son importantes y que no hay mayor grandeza que la de servir a los demás. 

3. Nos contó la parábola del buen samaritano. 
"Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo»". (Lc 10, 25-37)

Un sacerdote y un levita "pasaron de largo" y no ayudaron al herido, porque no querían complicaciones. En cambio, un "samaritano" -los judíos y los samaritanos se odiaban entre sí, por lo general- tuvo misericordia con un desconocido e hizo con él lo mismo que hubiera deseado que otros hicieran con él mismo. Para el samaritano, ese herido era su propio hermano. Esta es la enseñanza. Y nosotros comprendemos que eso mismo es lo que Jesús hizo con nosotros. Éramos enemigos de Dios, estábamos esclavizados por el pecado y dominados por el demonio. Sin embargo, Jesús nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros.


¿Quieres saber algunas consecuencias de la fraternidad que nos ha regalado Jesús?

1º. En primer lugar, que quien diga que ama a Dios, a quien no ve, pero odia a alguno de sus hermanos, a quienes ve, es un mentiroso.


2º. En segundo lugar, que no podemos esperar el perdón de nuestros pecados si no somos capaces de perdonar a nuestros hermanos los hombres. Así lo rezamos en el Padrenuestro: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden".


3º. En tercer lugar, que los cristianos no tenemos ningún enemigo: estamos siempre dispuestos a perdonar a todos, como Jesús nos enseñó desde la Cruz: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Perdonó a los que estaban crucificándole.


4º. En cuarto lugar, no debemos ser nunca chivatos, porque es una falta de lealtad: no seremos chivatos  en casa con nuestros hermanos ni en clase con nuestros compañeros. Si alguno hace alguna cosa mal, le corregiremos directamente. No debemos juzgar a los demás: el único que podría juzgar a los demás es Jesús y, sin embargo, no ha venido a condenarnos sino a salvarnos.


5º No sólo queremos a los demás, sino que también respetamos sus bienes, como nos mandan el séptimo Mandamiento de la Ley de Dios al prohibir el robo, y el décimo al prohibir que codiciemos los bienes ajenos. 


6º. Los cristianos somos amigos de la verdad, porque somos discípulos de Cristo. La mentira y la falsedad son propias de los amigos de Satanás. Los demás tienen derecho a la verdad. La verdad es luz. La mentira es oscuridad y tiniebla. El octavo mandamiento enseña: "No darás falso testimonio ni mentirás". 


Fórmulas de la fe


56. ¿Qué hace en nosotros el sacramento de la Confirmación?


Por la Confirmación, los bautizados recibimos más plenamente el Espíritu Santo, nos unimos más a Jesucristo y a su Iglesia y somos enviados a anunciar el Evangelio.


57. ¿Qué es pecar?


Pecar es decir "no" al amor de Dios, desobedeciendo sus Mandamientos. 

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