lunes, 28 de marzo de 2011

Sesión 16: Jesús ora y cumple la voluntad de su padre

Hay una diferencia importante entre rezar y orar. 


Rezar es decir una oración que, por lo general, ya nos sabemos de memoria. Así es muy aconsejable rezar por las mañanas un ofrecimiento de obras, es decir, una oración en la que ofrecemos a Dios todas las cosas que vamos a hacer en ese día. Es una oración muy buena, porque así dirigimos nuestro corazón a Dios. Si lo hacemos todos los días, entonces sin darnos casi cuenta habremos ofrecido toda nuestra vida a Dios. También rezamos por la noche las oraciones que nuestros papás nos han enseñado: hay quien reza todas las noches tres avemarías. 


Los rezos son importantes porque hacemos propias las peticiones y los sentimientos que se contienen en las oraciones tradicionales y porque mediante ellos concretamos un modo de cumplir el primer mandamiento de la Ley de Dios: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Si no nos acordáramos de Él ni por la noche ni por la mañana temprano, difícilmente podríamos decir que le amamos sobre todas las cosas y con todas nuestras fuerzas. 


Así, la oración del cristiano es el Padrenuestro, porque en ella se contienen todas las cosas que debemos desear y pedir a nuestro Padre Dios. Si rezamos el Padrenuestro con atención y dándonos cuenta de lo que pedimos a Dios nuestro corazón se irá pareciendo cada vez más al de Jesucristo.


Sin embargo, es también importante que descubramos la oración mental o del corazón. ¿En qué consiste? Pues muy sencillo, orar es hablar con Dios. 


Jesús vino a la Tierra para enseñarnos el camino hacia el Cielo. Si nos hacemos amigos de Jesús, Él nos enseñará cómo hablar y tratar a Dios Padre.  En una ocasión, Jesús nos enseñó que es preciso "orar siempre sin desfallecer", es decir, que tenemos que ser constantes y perseverantes en la oración. No basta con pedirle las cosas a Dios una vez: si tenemos interés verdadero en algo, será bueno insistir mucho una vez y otra, hasta que el Señor nos conceda lo que le pedimos. 


Pero hay mucha gente que sólo se acuerda de Dios cuando tiene alguna necesidad y sólo se dirige a Él para pedirle las cosas que le hacen falta. En esto hay algo de egoísmo. Las cosas que debemos de pedir son en primer lugar las que tienen mucha importancia para la sociedad y la Iglesia: que haya paz en el mundo, que las guerras terminen, que los pecadores se arrepientan de sus pecados, que los gobernantes de preocupen de gobernar buscando el verdadero bien de la sociedad, que las leyes respeten la Ley de Dios, que se ponga fin a la violencia doméstica, que todos los niños tengan una familia en la que descubran el amor... Estas oraciones son muy gratas a Dios porque son desinteresadas.


Si orar es hablar con Dios, eso significa que hay que contarle nuestras cosas y estar dispuesto a oír las que Él quiera contarnos. Es bueno encontrar algún momento en el día para contarle las cosas que nos han pasado. Es lo mismo que haces con tu madre, cuando le cuentas todo lo que ha sucedido en el colegio durante el día. Pues tu Padre Dios también quiere oírlo. Y Él también quiere contarte cosas. 


- Entonces, ¿es verdad que Dios nos habla? ¿Cómo lo hace?


Dios nos habla a través de las cosas que nos dicen nuestros padres y profesores. Si les obedecemos, por amor de Jesús, veremos que Dios nos bendice con alegría y paz. 


También aprendemos lo que Dios quiere decirnos cuando estamos atento en la Santa Misa y escuchamos la Palabra de Dios. 


Cuando le damos gracias por las cosas buenas que hemos recibido o cuando le pedimos perdón por los pecados que hemos cometido también oramos a Dios.


En conclusión, si buscamos la compañía de Jesús y le tratamos como un amigo, entonces Él nos ayudará a que busquemos también las ocasiones para dirigirnos a Dios Padre y para tratarle con la misma o con más confianza con la que tratamos a nuestros padres de la tierra. 


Fórmulas de la fe


30. ¿Qué hizo Jesús durante su vida pública?


Durante su vida pública, Jesús anunció e hizo presente la Buena Noticia de la Salvación: el Reino de Dios ya ha llegado a nosotros.


31. ¿Qué es el Reino de Dios?


El Reino de Dios es vivir la nueva Vida que Dios nos da, que es vivir en justicia, verdad, amor y paz.


32. ¿Cómo podemos participar en el Reino de Dios?


Podemos participar en el Reino de Dios si creemos en Jesús y, renovados por el Bautismo, amamos a Dios y al prójimo como Él lo hizo.





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