lunes, 21 de marzo de 2011

Sesión 15: Jesús hace cosas admirables

Mientras estuvo en la Tierra Jesús hizo cosas admirables. 


Siendo el Hijo de Dios quiso enseñarnos el camino del Cielo. Vivió treinta y tres años, de los cuales la mayor parte -los primeros treinta años- fueron muy normales. Nació y vivió pobremente. Salvo el período en que vivió en Egipto, la mayor parte de su existencia transcurrió en Nazaret en donde aprendió el oficio de artesano, aprendiendo de su padre, san José. 


¿Qué cosas admirables hizo durante estos treinta primeros años de su vida? Lo más admirable de este tiempo es precisamente la naturalidad y la sencillez con la que vivió, sin hacer cosas llamativas. Siendo todopoderoso, nunca quiso hacer uso de su poder para llamar la atención o que le aplaudiesen y le admirasen, así como tampoco para su uso personal y su comodidad. 


En cambio, a partir del momento en que fue bautizado en el Jordán, Jesús comenzó a cumplir públicamente su misión de Salvador del mundo. Realmente, esta misión la comenzó a desempeñar desde el mismo momento en que comenzó a existir ya en el seno de su madre, pero ahora nos referimos a que a partir del Bautismo, Jesús se presentó al mundo como un profeta que traía al mundo el Reino de Dios.  


Este anuncio lo hizo con palabras y con obras. Hay cosas que son sobrenaturales, porque es imposible que las pueda realizar un hombre o criatura alguna. Reciben el nombre de milagros. ¿Por qué hacía milagros después de su Bautismo y, en cambio, no los realizó antes? Porque con sus milagros quería mostrar que efectivamente el Reino de Dios había llegado a los hombres, porque sólo Dios podía hacer las cosas que Él hacía: curar enfermedades incurables, expulsar a los demonios, calmar una tempestad en el mar, por poner algunos ejemplos. "Si no creés en mí, creed al menos en las obras que yo hago", les decía a los judíos incrédulos. 


Los milagros son signos de que ha llegado el Mesías prometido. En este sentido hubo dos signos muy importantes en la vida de Jesús:


El primero fue la conversión del agua en vino, en Caná de Galilea.

Tenía Jesús treinta años y había sido invitado a una boda, junto con su Madre y sus discípulos. En aquel tiempo, las bodas podían durar varios días e incluso semanas. Así que no es extraño que después de varias jornadas el vino pudiera acabarse.
Eso es lo que ocurrió en Caná. La Virgen María se dio cuenta de lo que pasaba. Fue al encuentro de su Hijo y le expuso el problema: «No tienen vino» (Jn 2, 3).


Jesús se dio cuenta de que la situación en que se encontraban los esposos de Caná era la misma en la que estaba la Humanidad alejada de Dios, bajo el poder del demonio, del pecado y de la muerte. Si el vino es signo de la comunión de Dios y los hombres, Jesús entendió que ese «no tienen vino» se refería al hecho de que era la humanidad la que se encontraba sin vino.

Y entonces hizo el milagro.

Pidió a los sirvientes que llenaran unas tinajas de agua. Y los criados la llenaron hasta los bordes. Entonces Jesús les dijo: «sacad ahora y llevadlo al maestresala». Y así lo hicieron.
El maestresala −que no sabía nada de lo que había sucedido− se dirigió al esposo y le dijo: «todos sirven primero el vino bueno, y cuando están bebidos, el peor; pero tú has guardado hasta ahora el vino bueno». ¿Qué es lo que había pasado?

Que Jesús había convertido el agua en vino. Y el vino de Jesús era muy bueno. Mucho mejor que el que los esposos habían ofrecido a sus invitados.

Jesús convirtió 600 litros de agua en el buen vino de las Bodas.

Este fue el primer signo de Jesús, el Esposo de la Humanidad. Fue una manera de decir: «Ya he llegado. El Mesías que todos estabais esperando, ha venido por fin, y aquí tenéis el signo». Los discípulos lo entendieron así. Así lo explica san Juan: «Esto es lo que, como principio de los signos, hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria y creyeron en Él sus discípulos» (Jn 2, 11).

El segundo signo más importante es la multiplicación de los panes y de los peces en el desierto. Jesús no podía predicar en las ciudades, porque Herodes le buscaba. Así que iba por los campos y por lugares despoblados. En una ocasión una muchedumbre de personas se acercaron al lugar donde él se encontraba para escucharle. Jesús se dio cuenta de que toda esa gente llevaba tiempo sin comer nada y entonces preguntó a los Apóstoles cómo podrían darles alimento. Ellos respondieron que no había posibilidad, porque sólo habían encontrado un muchacho que tenía cinco panes y dos peces. Entonces Jesús les mandó que se sentaran en grupos de cincuenta y, alzando los ojos al cielo, bendijo los panes y los peces y mandó a sus discípulos que los distribuyeran entre el gentío. Comieron más de cinco mil personas hasta saciarse y todavía sobró comida.

Al ver lo que Jesús había hecho, la gente quiso coronarlo como Rey, puesto que Jesús había traído pan del Cielo al igual que hizo Moisés con su pueblo. Jesús era el Mesías porque había alimentado milagrosamente a su Pueblo en el desierto. 

Fórmulas de la Fe


28. ¿Por qué llamamos Salvador a Jesús?

Llamamos Salvador a Jesús porque, enviado por Dios Padre, quita el pecado del mundo y hace de todos los hombres una sola familia.

29. ¿Qué nos enseñan los Evangelios sobre la infancia de Jesús?

Los Evangelios nos enseñan que Jesús nació en Belén y vivió en Nazaret con María y José. Junto a ellos, creció en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres.

30. ¿Qué hizo Jesús durante su vida pública?

Durante su vida pública, Jesús anunció e hizo presente la Buena Noticia de la Salvación: el Reino de Dios ya ha llegado a nosotros.

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